En
nuestro trabajo de investigación sobre el posfordismo y su influencia en la estructuración
urbana del país, tema sobre el cual Samuel Jaramillo, Luis Mauricio Cuervo, y
recientemente la comisión de ciudades sostenibles del Banco Mundial. Desarrollo
que nutren de alguna manera nuestras exploraciones. Nuestra motivación en estos
temas pasa por leer y caracterizar el fenómeno de crecimiento en ciudades
intermedias (Barranquilla, Valledupar, Villavicencio, Pereira, entre otras) y
como el Mercado moldea la estructuración de ciudad. En términos sencillo se
trata de observar la relación entre la producción de estructura urbana y el
funcionamiento del mercado inmobiliario, tanto en su versión formal como en la
informal.
La
hipótesis de trabajo utilizada, toma como punto de partida los desarrollos del
profesor Pedro Abramo del Instituto de Investigación y Planificación Urbana y
Regional, Universidad Federal de Río de Janeiro, Río de Janeiro, Brasil. De tal manera que, se ha planteado que el
desarrollo de las ciudades en Colombia, ha tenido una estructuración de doble
vía, que se asemeja de manera comparable con los dos modelos tradicionales (la
urbe compacta, y la difusa anglosajona); dando como resultado una estructura
urbana particular.
De
los adelantos realizados en las exploraciones, podemos compartir algunos
elementos esenciales para entender el fenómeno de estructuración de nuestras
ciudades, máxime que se aproximan los procesos de formulación de los POT.
El
primer elemento completamente visible a los ojos de todos, es que el
funcionamiento de los mercados del suelo produce simultáneamente una estructura
urbana compacta y difusa. Quien puede negar esta estructura en ciudades como
Villavicencio, que observa procesos de densificación en zonas como la de cámara
de comercio, pero muestra una difusión urbanística, al mejor estilo de
suburbios en la zona hacia Restrepo. O por ejemplo Barranquilla todo el
desarrollo hacia puerto Colombia.
El
segundo elemento. se tiene relación con la crisis del fordismo urbano que se
manifiesta, a través de dos ejes de cambio: por una parte, la tendencia hacia
la flexibilización urbana por sobre el urbanismo modernista y regulador; y por
otra, la caída en el financiamiento estatal de la materialidad urbana
(vivienda, equipamientos e infraestructura) y de algunos servicios urbanos
colectivos. En ambos casos, el mercado resurge como mecanismo principal de
coordinación de la producción de la ciudad, ya sea a través de la privatización
de las empresas públicas o por la hegemonía del capital privado en la producción
de las materialidades residenciales y comerciales urbanas.
Tercer
Elemento. La producción de las ciudades intermedias ha resultado del
funcionamiento de dos lógicas: en primera instancia la del Estado (por ejemplo
Instcredial) y en segunda instancia la del mercado; pero también de una
tercera: la lógica de la necesidad. Esta última movió —y continúa haciéndolo—
un conjunto de acciones individuales y colectivas que promovieron la producción
de las “ciudades populares”, con su habitual ciclo ocupación/autoconstrucción/autourbanización
y, finalmente, consolidación de los asentamientos populares informales. En las
ultimas 3 décadas ha surgido una nueva variante de producción de la ciudad
popular que articula la lógica del mercado con la de la necesidad y las políticas
del Estado (VIS), y se manifiesta socialmente como los conjuntos o
urbanizaciones de interés social, que por lo general son construido a manera de
gestos en zonas de bajo desarrollo y poco integradas a los cascos urbanos.
Cuarto
Elemento. En Colombia el mercado ejerce supremacía en la estructuración urbana,
lo que genera un reto y una competencia particular, al programa de vivienda
VIS, que como política de nación se tiene para solucionar el déficit de
vivienda para poblaciones vulnerables. Al momento de esta indagación, el
principal cuello de botella que se ha tenido en las ciudades intermedias, es la
disponibilidad de suelo para estas iniciativa, por lo que el programa ha tenido
que tener virajes, como focalizarse en pueblos y pequeñas localidades, donde el
mercado aún es incipiente (mírese las recientes visitas del Ministro, ayer por ejemplo
en pequeñas poblaciones del sur de la guajira).
Casos
particulares de este reto, lo reflejan barranquilla, Valledupar, Pereira, donde
no se han podido concretar desarrollos plenos en materia de programas VIS. Frente
a ello surge un último elementos y es que en la política no se ha analizado de
manera conjunta, cómo estos procesos urbanísticos tendrían efectos en la
reconfiguración urbana. Creemos que esto debe ser una responsabilidad
compartida entre los gobiernos locales y el nacional, y el espacio por
excelencia lo representa el ajuste del POT.
Finalmente,
se sintetiza la situación de la siguiente manera: el mercado al ser el principal
y hegemónico mecanismo de coordinación de las decisiones de uso del suelo,
produce una estructura o forma de ciudad particular: una estructura “híbrida”
desde el punto de vista de su morfología de usos del suelo.
Lo
anterior da pie para hablar, para que de manera intuitiva, se pudiera hablar de
un posfordismo, un tanto hibrido, donde el mercado ejerce primacía, pero el
estado retorna como proveedor inmobiliario (VIS-transporte masivo) y se mantiene
las iniciativas particulares. En síntesis se está gestando una “nueva política
urbana”, no intencionada, es decir, que surge sin la premeditación de las tres
fuerzas gravitacionales del desarrollo urbano.
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