La nota que leerán a continuación la escribió Gullermo Perry, en el diario el tiempo. Nos pareció prudente utilizar este espacio para reproducirla en su totalidad, dado que abre un espacio para el debate, que hace muchos años se planteo con el texto titulado: The Knowing-Doing Gap, cuyo autor Jeffrey Pfeffer.
La columna del Dr. Perry, plantea que tal vez el Colombiano que mejor se ha preparado para ser presidente, es el Dr. Juan Manuel Santos, sin embargo su realidad como mandatario muestra muchas dificultades y no es precisamente por que sea una persona inexperta, la gran pregunta que surge es ¿por qué?. según Pfeffer, una cosa es saber de algo y otra cosa hacer ese algo, es decir, existe una gran brecha entre saber y hacer.
Guilermo Perry.................
Juan Manuel Santos dedicó muchos años de su vida a estudiar buenas prácticas de gobierno en los países desarrollados. Y las aplicó con relativo éxito en los tres ministerios que tuvo a su cargo. Pocos presidentes colombianos habían llegado tan preparados para el ejercicio de gobernar. Y, sin embargo, hay mucho descontento con su forma de hacerlo, lo que se manifiesta en los bajos niveles de aprobación de su gestión. ¿Cómo se entiende esta paradoja?
Una hipótesis es la de que la mejor forma de gobernar a Dinamarca no es la mejor forma de gobernar a Cundinamarca. Santos se ha rodeado de un excelente equipo, con contadas excepciones. Delega mucho en sus ministros y consejeros y les pide cuentas de vez en cuando. Reserva su tiempo para los temas que considera más importantes. Toma las cosas con calma y no se mata trabajando. Esta receta funciona muy bien en Suecia y Alemania y hasta en los EE.UU. Pero no parece funcionar tan bien para gobernar un país como el nuestro, caracterizado por instituciones muy débiles, que no se mueven y son incapaces de coordinarse entre sí, a no ser que el Presidente, que es todopoderoso en Colombia, esté permanentemente encima de ellas.
Uribe pecaba por exceso. Su excesiva microgerencia dejaba sobrando a los ministros. Solo se hacía lo que él quería, bueno o malo, y de cualquier forma. Pero Santos parece pecar por defecto. Se lo percibe muy lejano de los problemas cotidianos y se piensa que solo interviene cuando la inacción o las crisis han adquirido magnitudes intolerables.
Otra hipótesis es la de que el Presidente solo se la juega cuando ve que es fácil ganar. Como en el póquer, cuando ve que no tiene una buena mano, entrega rápidamente el juego. Si la presión viene dura, prefiere ceder, como lo hizo con los camioneros frente al desmonte de la tabla de fletes, con los congresistas y magistrados en la malograda reforma de la justicia, con los rectores de universidades públicas en el tema de la reforma universitaria y con los cafeteros durante el reciente paro. A los colombianos nos gusta que el Presidente se la juegue más por sus convicciones.
No se trata de que case peleas con medio mundo, como hacía y sigue haciendo Uribe. Pero tampoco que quiera tener a todos contentos todo el tiempo. Entre otras cosas, porque esa actitud se confunde con debilidad y conduce a que se incurra en toda clase de desafueros y abusos para conseguir concesiones. Esto es particularmente preocupante ante la actual situación económica. Ni el Gobierno ni el Banco de la República se la han jugado para mitigar la excesiva revaluación. Y si se percibe que quien no grita no mama, tendremos una colección de paros de otros productores agrícolas afectados por la revaluación en busca de generosos subsidios, siguiendo el ejemplo de los cafeteros.
Pienso que la mayoría de los colombianos nos sentimos más a gusto con el talante democrático de Santos que con las veleidades autoritarias de Uribe. Pero nos preocupan la lentitud de su Gobierno y la propensión a echarse para atrás ante cualquier presión. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.
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