martes, 16 de abril de 2013

De cantos gregorianos a cartas a García: la transformación de la gerencia pública


Con frecuencia hemos visto en: twitter, artículos de prensa y portales de organizaciones públicas, los cantos gregorianos de mandatarios sobre la consecución de recursos para inversión. Por ejemplo es frecuente ver que DNP publique mensajes como este: “en 11 meses el SGR ha aprobado 6 billones de pesos en proyectos”. También es recurrente leer frases como ésta: “hemos conseguido 200.000 millones de pesos del SGR, como producto de nuestra capacidad de formular proyectos”, frase expresada por un gobernador.

Sin embargo, transcurridos 18 meses de gobiernos regionales y locales, y 11 meses del mecanismo de aprobación de recursos en el SGR; son escasos los despliegues noticiosos que muestren cuanto de los dineros gestionados han sido girados o ejecutados por los gobiernos locales. Precisemos mejor nuestra afirmación, cuanto de los 6 billones de pesos del SGR han sido girados a los entes territoriales? ¿cuántos de esos se están ejecutando? ¿Qué bienes y servicios se han entregado? ¿estos recursos inician a producir resultados?

Lo anterior no es una crítica a los gobiernos o al sistema, con ello se pretende abordar un tema que en la gestión pública del país, parece importar poco, el funcionamiento organizacional. Muchos mandatarios no consideran, ni toman en cuenta, durante la campaña, ni en los empalmes,  la necesidad de entender y conocer el funcionamiento de su organización.

Es vital que un mandatario conozca cómo funciona el ente que va a gerenciar, por lo menos en dos elementos básicos: ciclo de formulación de proyectos y ciclo de ejecución de recursos. Parece un hecho menor y muchos lo limitan a un simple diagnostico organizacional, pero esto tiene tanto de largo como de ancho. Por un momento pensemos, en un mandatario cuyo plan de desarrollo es abundante en metas (en Colombia el 80% de planes desarrollo poseen más de 250 metas de productos), pero su organización posee un ciclo de formulación de proyectos con tasas superiores a 90 días, para tenerlo formulado y con CDP. Ese mismo mandatario con ese plan de desarrollo, tiene un ciclo de ejecución, donde su proceso de contratación (incluidos preceptos legales) en promedio supera los 90 días. A esta situación la denominamos, la dominación de un gerente publico por los cuellos de botella organizacionales. Esta dominación produce la estigmatización de mandatario tortuga!

El panorama para ese gobernante se complejiza, cuando al verse desbordado en formulación y en demoras en la contratación, se inicia la reingeniería de la premura, es decir, el mandatario empieza la priorización por angustias de ejecución. Esta priorización genera desbalances y rezagos en el cumplimiento de las metas del plan de desarrollo.

Este fenómeno relatado anteriormente, tiene diversas aristas que consolidan una urdimbre compleja. Algunas de las aristas son: limitada nomina de personal y restricciones en gastos de funcionamiento, eso es discutible, pero tiene algún asidero. Excesivo y confuso entramado de reglamentaciones existentes. Nomina de personal sin preparación adecuada. Instalaciones inadecuadas con limitadas facilidades tecnológicas.

Parecerá políticamente incorrecto, pero la evidencia que sea podido recabar frente a esta situación, nos conduce a afirmar que, todos los cuellos de botella funcionales y aristas de causas, el mandatario las puede detectar en su proceso de campaña y de empalme, siempre y cuando se estudie a la organización. El producto de ese estudio de la organización, es información que se decanta, para determinar que ofrece y a que se compromete en su plan de desarrollo (obviamente junto con la información fiscal y legal).

Sin embargo, entre los gerentes públicos existe mayor preocupación por montar la estrategia del retrovisor que por la estrategia del acelerador y el rendidor. Por lo tanto, cuando entran a gobernar empiezan a padecer la metofaroa del elefante y el jinete; y es allí cuando surge como gran solución la certificación en calidad, implementación del MECI u otras herramientas (Estatutos antitrámites, reingenierías y simplificaciones de procesos, las normas ISO  NTCGP 1000 u otras sofisticadas innovaciones tecnológicas), Pero lo que se observa es que por más que se traten de implementar métodos modernos para agilizar el funcionamiento, la eficacia  y la eficiencia, tal propósito escasamente se logra, pues chocan con una organización que se comporta con el elefante, al cual el jinete no puede domar.

Con esta iteración de omisiones funcionales, se obtiene un gobierno bajo la cascada de cambios de funcionarios, de indecisiones y lentitud de las ejecuciones de planes de desarrollo, con bajos niveles de entrega de productos y de resultados.

De esta forma se se pasa de la alegoría de cantos gregorianos “conseguimos recursos a niveles históricos en el municipios y departamento”;  a cartas a García, llenas de frases como: “es necesario que la comunidad comprenda que el ente territorial está aprendiendo el funcionamiento del nuevo SGR”. “Esta reforma abrió las puertas a mayor nivel de recursos pero somos débiles en ejecución por la excesiva tramitomanía del estado ya emprendimos una reingeniería para agilizar la ejecución de proyectos”.

Mientras los mandatarios no se preocupen (de igual manera como lo hacen para lo fiscal o legal) por el funcionamiento de sus organizaciones, desde el momento de su campaña política, no podrán establecer una planeación adecuada y focalizada de lo que en realidad están en capacidad de hacer. No se trata de hacer un típico diagnostico organizacional, se debe procurar reconocer que existe una organización que no está alineada, y que es atravesada por los intereses particulares que mueve a los cazadores de renta.

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