Con frecuencia hemos visto en:
twitter, artículos de prensa y portales de organizaciones públicas, los cantos
gregorianos de mandatarios sobre la consecución de recursos para inversión. Por
ejemplo es frecuente ver que DNP publique mensajes como este: “en 11 meses el SGR ha aprobado 6 billones de
pesos en proyectos”. También es recurrente leer frases como ésta: “hemos conseguido 200.000 millones de pesos
del SGR, como producto de nuestra capacidad de formular proyectos”, frase
expresada por un gobernador.
Sin embargo, transcurridos 18
meses de gobiernos regionales y locales, y 11 meses del mecanismo de aprobación
de recursos en el SGR; son escasos los despliegues noticiosos que muestren
cuanto de los dineros gestionados han sido girados o ejecutados por los
gobiernos locales. Precisemos mejor nuestra afirmación, cuanto de los 6
billones de pesos del SGR han sido girados a los entes territoriales? ¿cuántos
de esos se están ejecutando? ¿Qué bienes y servicios se han entregado? ¿estos
recursos inician a producir resultados?
Lo anterior no es una crítica a
los gobiernos o al sistema, con ello se pretende abordar un tema que en la
gestión pública del país, parece importar poco, el funcionamiento
organizacional. Muchos mandatarios no consideran, ni toman en cuenta, durante
la campaña, ni en los empalmes, la
necesidad de entender y conocer el funcionamiento de su organización.
Es vital que un mandatario
conozca cómo funciona el ente que va a gerenciar, por lo menos en dos elementos
básicos: ciclo de formulación de proyectos y ciclo de ejecución de recursos.
Parece un hecho menor y muchos lo limitan a un simple diagnostico
organizacional, pero esto tiene tanto de largo como de ancho. Por un momento
pensemos, en un mandatario cuyo plan de desarrollo es abundante en metas (en Colombia
el 80% de planes desarrollo poseen más de 250 metas de productos), pero su organización
posee un ciclo de formulación de proyectos con tasas superiores a 90 días, para
tenerlo formulado y con CDP. Ese mismo mandatario con ese plan de desarrollo, tiene
un ciclo de ejecución, donde su proceso de contratación (incluidos preceptos
legales) en promedio supera los 90 días. A esta situación la denominamos, la dominación
de un gerente publico por los cuellos de botella organizacionales. Esta
dominación produce la estigmatización de mandatario tortuga!
El panorama para ese gobernante
se complejiza, cuando al verse desbordado en formulación y en demoras en la
contratación, se inicia la reingeniería de la premura, es decir, el mandatario
empieza la priorización por angustias de ejecución. Esta priorización genera desbalances
y rezagos en el cumplimiento de las metas del plan de desarrollo.
Este fenómeno relatado
anteriormente, tiene diversas aristas que consolidan una urdimbre compleja.
Algunas de las aristas son: limitada nomina de personal y restricciones en
gastos de funcionamiento, eso es discutible, pero tiene algún asidero. Excesivo
y confuso entramado de reglamentaciones existentes. Nomina de personal sin
preparación adecuada. Instalaciones inadecuadas con limitadas facilidades
tecnológicas.
Parecerá políticamente
incorrecto, pero la evidencia que sea podido recabar frente a esta situación,
nos conduce a afirmar que, todos los cuellos de botella funcionales y aristas
de causas, el mandatario las puede detectar en su proceso de campaña y de
empalme, siempre y cuando se estudie a la organización. El producto de ese
estudio de la organización, es información que se decanta, para determinar que
ofrece y a que se compromete en su plan de desarrollo (obviamente junto con la información
fiscal y legal).
Sin embargo, entre los gerentes
públicos existe mayor preocupación por montar la estrategia del retrovisor que
por la estrategia del acelerador y el rendidor. Por lo tanto, cuando entran a
gobernar empiezan a padecer la metofaroa del elefante y el jinete; y es allí cuando
surge como gran solución la certificación en calidad, implementación del MECI u
otras herramientas (Estatutos antitrámites, reingenierías y simplificaciones de
procesos, las normas ISO NTCGP 1000 u
otras sofisticadas innovaciones tecnológicas), Pero lo que se observa es que
por más que se traten de implementar métodos modernos para agilizar el
funcionamiento, la eficacia y la
eficiencia, tal propósito escasamente se logra, pues chocan con una
organización que se comporta con el elefante, al cual el jinete no puede domar.
Con esta iteración de omisiones
funcionales, se obtiene un gobierno bajo la cascada de cambios de funcionarios,
de indecisiones y lentitud de las ejecuciones de planes de desarrollo, con
bajos niveles de entrega de productos y de resultados.
De esta forma se se pasa de la alegoría
de cantos gregorianos “conseguimos recursos a niveles históricos en el
municipios y departamento”; a cartas a García,
llenas de frases como: “es necesario que
la comunidad comprenda que el ente territorial está aprendiendo el
funcionamiento del nuevo SGR”. “Esta
reforma abrió las puertas a mayor nivel de recursos pero somos débiles en ejecución
por la excesiva tramitomanía del estado” “ya emprendimos una reingeniería
para agilizar la ejecución de proyectos”.
Mientras los mandatarios no se preocupen
(de igual manera como lo hacen para lo fiscal o legal) por el funcionamiento de
sus organizaciones, desde el momento de su campaña política, no podrán establecer
una planeación adecuada y focalizada de lo que en realidad están en capacidad de
hacer. No se trata de hacer un típico diagnostico organizacional, se debe
procurar reconocer que existe una organización que no está alineada, y que es
atravesada por los intereses particulares que mueve a los cazadores de renta.
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