A dos años de
funcionamiento del SGR, se han dado múltiples manifestaciones sobre lo bueno y
lo malo de esta reforma. Más allá de tomar partido en algún movimiento
ideológico, queremos queremos indagar sobre el diseño institucional
implementado, en el sentido de establecer, si lo diseñado obedece más a un ajuste
incremental en el arreglo o por el
contrario fue un cambio institucional al citado arreglo. Reflexionar si es
incremental o si es un cambio o no
parece crucial, ya que en el inmediatismo de nuestras políticas públicas, lo
importante del tema es sí el nuevo diseño ha generado, una mejor administración
de los recursos, con mayores efectos y resultados en el apalancamiento del
desarrollo regional. Al respecto parecería muy prematuro, consideramos, exigir
una evaluación de impacto o de resultados, por la neonatez del sistema.
Reflexionar con
evidencias empíricas que muestre que fue lo que realmente cambio en el diseño, dará
luces sobre los cuellos de botella y disfuncionalidades en las reglas de juego,
que pueden ir develando los tan anhelados y cacareados resultados de los recursos
de regalías.
En tal sentido,
encontramos que el director del Banco de la República sede Caribe (Jaime Bonet
Morón), publicó un artículo (diario El Pilon),
que evidencia desajustes del nuevo diseño institucional del sistema
General de Regalías. De una manera muy sencilla, pero ilustradora, el director,
con evidencia en mano, muestra dichas disfuncionalidades. A continuación se
hace una reproducción textual de los principales aspectos del artículo citado:
…………..”En el 2012 comenzó a operar el nuevo esquema de
distribución de regalías denominado el Sistema General de Regalías (SGR). Uno
de los propósitos que busca el nuevo sistema es que los recursos se orienten a
proyectos de impacto regional, enmarcado dentro de un plan de desarrollo. Se
busca así evitar que se repita la construcción de elefantes blancos, una
práctica tradicional bajo el régimen antiguo de distribución.
Desafortunadamente, al darle una mirada a los proyectos
financiados en el departamento del Cesar en 2012, la situación es similar. Por
ejemplo, este es el departamento que más invierte en deporte y recreación. Del
total invertido por los gobiernos departamentales en este sector, el Cesar
participa con el 69% y de todo lo que invierten los gobiernos municipales,
representa cerca del 25%.
Para tener una dimensión de lo que representa este sector
en términos monetarios, comparemos algunos proyectos con el costo de otras
inversiones en sectores que tienen un rezago importante en el departamento.
Una de las obras con más recursos es la ampliación,
adecuación y remodelación del estadio de futbol Armando Maestre Pavajeau en
Valledupar. La inversión es de $41,9 mil millones, un poco más que lo que se
destinó para la construcción y dotación de la Universidad Nacional de Colombia
en La Paz.
Otro ejemplo es la construcción del parque bio-saludable
y lúdico-recreativo Las Flores en Valledupar, el cual tiene un costo de $4,9
mil millones. Con esos mismos recursos se pueden financiar seis puentes rurales
y cuatro urbanos en el municipio de Pailitas, o se puede hacer 10 veces el
proyecto de fortalecimiento de las TIC’s en la Universidad Popular del Cesar.
También se destaca la construcción de la Villa Olímpica
Campo Soto en Chiriguaná por un valor de $13,3 mil millones, recursos
suficientes para financiar 408 viviendas de interés social en un municipio que
posee un déficit de vivienda importante.
Por último, ha sido aprobada la construcción del coliseo
y obras complementarias en el corregimiento de San Roque en Curumaní. El
presupuesto aprobado es de $3,8 mil millones de pesos, recursos equivalentes a
1,25 veces el presupuesto de diseño, construcción y equipamiento de un centro
de desarrollo infantil.
Estas obras obligan a reflexionar sobre el tipo de
proyectos que se vienen aprobando en el nuevo SGR porque probablemente no
tengan el impacto de desarrollo regional que se buscaba. Esto sin pensar en la
sostenibilidad de las mismas, ya que hoy se cuentan con los recursos para la
construcción pero no se tienen los requeridos para el sostenimiento de la
infraestructura en el futuro. Es aquí donde la generación de recursos propios
se convierte en una herramienta fundamental para apalancar el desarrollo local”.
El caso relatado
anteriormente, es una evidencia de lo que puede estar sucediendo en todo el
país, evidenciando que el momento de la formulación y la aprobación parecerían tener
un racero distinto, al planteamiento de que las regalías son instrumento para apalancar
el desarrollo local y regional. Ello conllevaría
a pensar que lo que se hizo fue un ajuste incremental en el sistema, sin
corregir las disfuncionalidades del pasado, en materia de focalización y
destinación de los recursos a través de proyectos, por ejemplo.
En suma, esta
evidencias nos muestran que al parecer el sistema sigue condenado a incentivar infraestructura
no sostenible, al respecto recomendamos un texto Elinor Ostrom (INSTITUTIONAL
INCETIVES and SUSTANAIBLE DEVELOPMENT; Infrastructure Policies In Perspective),
cuya tesis central plantea dos interrogantes ¿Por qué tanta infraestructura ha
sido insostenible? y ¿Qué se puede hacer
al respecto?. Los análisis que este texto plantea podría dar luces a los analista
de políticas públicas, para encontrar
respuestas al ¿por qué en el SGR se itera nuevamente en las prácticas que se quisieron
abolir del pasado?
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