En
recientes discusiones muy locales de la ciudad de Valledupar, en torno a
iniciativas urbanas para la ciudad, como lo son: el centro de convenciones y
centro cultural del vallenato, Pro Valledupar (esquema institucional de promoción
a la inversión), la recuperación de separadores viales con obras de artes. La discusión
ha generado opiniones divididas de la sociedad civil, así como ha puesto sobre
el tapete una suerte de desacoplamientos entre las visiones de gobierno, entre
lo que visiona la alcaldía de Valledupar y lo que observa la Gobernación del
Departamento.
Esto
supone un tema que merece debate lo Urbano-regional, frente la gobernabilidad y
ejecutorias de entes y agentes que no necesariamente tienen los mismos
intereses y visiones. Ahora quisimos indagar sí en el resto del país se viven
situaciones similares, en términos de gobernabilidad de iniciativas de dos
agentes, sobre un mismo territorio. El resultado es similar, sin embargo hay
que hacer la salvedad que en algunos casos cambia los agentes inmersos. Por ejemplo
Barranquilla y su área metropolitana, mantiene discusiones permanentes con
municipios vecinos, frente a la ocupación del suelo y visiones de expansión. En
el área metropolitana de Bucaramanga existen conflictos por temas de movilidad,
suscitada por la decisión de construir y operar el sistema de transporte masivo.
En Bogotá y la sabana, se ha suscitado discusiones entre la alcaldía de Bogotá
y la gobernación de Cundinamarca, frente a la relación ciudad – región.
Lo
anterior muestra que, la discusión en Valledupar, que aún es muy local, no es
exclusiva de esta latitud. Este debate es interesante por cuanto, en el
escenario se ciernen y confluyen visiones que no necesariamente dialoguen sobre
acciones en el territorio. De manera muy sugerente, sabemos que las diferencias
(si es que las hay) llegarán a feliz término. Consideramos que se debe empezar
a discutir en la visión del ámbito local-regional
y para evitar futuras confrontaciones. En aras de aportar a esa discusión, compartimos
algunos elementos que se deben reconocer, dado que afectan transversal,
horizontal y verticalmente el accionar sobre el territorio. Estos elementos de
reconocimiento subyacen de nuestra experiencia en discusiones como estas y a
partir de trabajos realizados por Sassen y Borja.
Primer
reconocimiento. El ámbito local-regional ha sido históricamente el de la
reproducción social (educación, sanidad, vivienda, etc.), hoy afectado por las
demandas ciudadanas, gremiales, que se multiplican, hoy no solo se demanda
cobertura, si no que se requiere calidad, para crear condiciones de
competitividad. Los poderes locales y regionales deben reorientar sus funciones
hacia la “producción social” puesto que la “competitividad” del territorio
corresponde a esta escala más que a la del “estado-nación”. Pero que no
disponen de las competencias y recursos para ello, por tal motivo, se debe
maximizar la disponibilidad de estos, y evitar las distorsiones. (por ejemplo véase
el macroproyecto urbano regional del aeropuerto El Dorado).
Segundo
reconocimiento. la sociedad urbana se ha hecho más compleja, más
individualizada y más heterogénea. Las clases sociales de la época agrícola y
ganadera (que fue por muchos años, la clase primante) se han fragmentado, los
grupos sociales en Valledupar se definen en función de criterios múltiples (territoriales,
culturales, etc., además de su relación con la producción), la autonomía del individuo
se ha multiplicado. Los comportamientos urbanos se han diversificado (en los
tiempos, movilidades, relaciones sociales, etc.) y por lo tanto también las
demandas. De esta manera, las políticas urbanas hoy no pueden ser simplemente de
“oferta” masiva dirigida a grandes colectivos supuestamente homogéneos.
Tercer
reconocimiento. La gobernabilidad de los territorios urbano-regionales se
convierte en un difícil desafío. Especialmente difícil debido a los factores citados
que ahora resumimos:
i.
La multidimensionalidad del territorio urbano-regional (centros, periferias,
red incompleta de geometría variable de ciudades medias y pequeñas,
urbanización difusa, enclaves y hábitat marginal, etc.).
ii.
Las potentes dinámicas privadas de ocupación de suelo. Por ejemplo, el boom
inmobiliario del norte de la ciudad, en los últimos 10 años la urbanización del
suelo se ha multiplicado por dos.
iii.
La nueva complejidad de la sociedad urbana y la diversidad de sus demandas y de
sus comportamientos (movilidad, esparcimiento, bienes públicos locales).
v.
La fuerza económica y a veces legal de las iniciativas privadas o de entes
públicos sectoriales a la hora de definir o modificar grandes proyectos
sectoriales sobre el territorio. La gobernabilidad de estos territorios exige
una capacidad de innovación política que el marco institucional obstaculiza y
que la deficiente representatividad de los partidos, difícilmente supera.
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