En algunos círculos académicos, en
conferencias y artículos de periódicos, la palabra fracking se ha vuelto en
Colombia, recurrente. Su relevancia esta unida, a mi juicio, a dos hechos
particulares que se han suscitado en nuestra realidad. Por un lado los anuncios
de empresas petroleras que han encontrado la formula para aumentar la
producción del país, explotando crudos a grandes profundidades, a través el fracturamiento
hidráulico. Por el otro lado, surge como arte de magia la sequía en el
Casanare, como mensaje del universo, que entiéndase bien, no es nada casuístico.
Se comenta, que esta crisis tiene como uno de los agentes generadores, la cantidad de agua que se usa
para llevar acabo dicho proceso extractivo (es intensivo en uso de agua para
fracturar los macizos rocosos). Mas allá de ser una denuncia probada, se ha
generado inquietud para que más ciudadanos y organizaciones sociales, indaguemos
sobre el famoso fracking.
Mas allá de tomar partido, sí es bueno o
malo, solo quiero en estos breves párrafos presentar una información que
recolecte, en mi búsqueda autodidacta sobre el “tal fracking” (parafraseando
respetuosamente al presidente Santos). No los aburriré con los manuales
técnicos y elementos de operación de este modelo de extracción, por el
contrario les compartiré un articulo publicado en new york
times, que contiene
elementos de reflexión, frente al fracking.
En
estados unidos existe un premio de denominado Premio Ambiental Goldman. El cual
en el 2014 fue entregado a Helen y David Slottje (pareja de esposos), hasta ahí
es una situación común. Sin embargo, la sorpresa es que Helen, es una abogada
que fue galardonada por su trabajo para ayudar a la primera ciudad en el estado
de Nueva York a aprobar una ordenanza de zonificación local que prohíbe "
alto impacto de la fracturación hidráulica".
Todo empezó cuando ella y su esposo se
mudaron a Ithaca en el estado de Nueva York , adoptaron la misma actitud
contundente en lo que sería una pelea muy personal para evitar que las empresas
de perforación de gas y petróleo, continuaran desgarrando su región. En ese
momento, en 2009 , todo el mundo - desde los propietarios y ejecutivos del
condado a una serie de grupos ambientalistas nacionales - creía que la fiebre
del fracking era algo inevitable. Después de ver las fotos que muestran lo que
las empresas de perforación habían hecho a las ciudades en Pennsylvania rural,
se preguntó con su esposo algo debemos hacer.
La primera reacción de la población cuando
ellos plantearon que algo habría que hacer, fue: es una pelea de chicos contra
gigantes, pero la respuesta obstinada de la pareja fue: algo se puede hacer. Fue
asi como empezaron a pregonar :"que algo malo estaba pasando, y no había
nada que podría hacer?, claro que si hay mucho por hacer”.
Lo que empezó para ellos, como una
investigación legal (voluntaria) de verano para ella y su marido David, se
extendió rápidamente en el invierno, y luego tomó una vida propia. Llegar a
este punto no fue fácil, manifiesta Slottje en la publicación. Leyeron y
leyeron libros sobre la ley de petróleo y gas en la Biblioteca de Derecho de
Cornell. No hubo ninguna invitación de reunión comunal a la que se negaran a ir,
ni ninguna persona que no quisieran escuchar. A pesar de soportar intensas
críticas y burlas de la multitud a favor de la perforación, incluyendo muchos
terratenientes locales, la pareja continuo incansablemente durante 36 meses
trabajando sin parar.
En todo proceso hay momentos de crisis, y
recuerdan estos abogados que, varias de las estrategias de su organización fracasaron,
como por ejemplo demandar para detener un permiso para un proyecto y trabajar a
través de proceso de revisión ambiental del estado de Nueva York. Con el tiempo
se hizo evidente para ellos, que las leyes locales eran el camino a seguir, y
en el otoño de 2011 , Helen y David Slottje habían escrito y ayudado a la
primera ciudad en el estado de Nueva York aprobar una ordenanza de zonificación
local que prohíbe " la fracturación hidráulica".
La estrategia del dúo fue desarrollar un
modelo de defensa de las comunidades usando las ordenanzas de zonificación
locales para prohibir de manera permanente o temporalmente las actividades de
fractura hidráulica, hasta la fecha, han sido adoptado por más de 170
municipios en Nueva York y ahora está empezando para difundir en todo el país.
La idea de que las ciudades pueden utilizar
la ley de uso del suelo para prohibir las actividades de perforación con fracturamiento
hidráulico, ha encontrado eco en la academia. Profesores de las 13 principales
escuelas de Derecho de Nueva York, han presentado un escrito apoyando el
concepto subyacente de " autonomía local " en el caso.
Hoy en día esta experiencia, ha incentivado
poblaciones locales en Texas, Ohio , Virginia , California y Florida, quienes
están trabajando para imitar el éxito de las comunidades en el estado de Nueva
York, incluyendo las ciudades de Rochester , Syracuse, Albany y Buffalo.
Ahora, para el caso Colombiano, no puede
tomarse al pie de la letra la experiencia, por que existen grandes diferencias
en el desarrollo normativo. Pero llama poderosamente la atención, cómo hasta
que punto con la ley orgánica de ordenamiento y con las ordenanzas de
ordenamiento territorial, puede haber trabas legales, para este tipo de
actividades. Lo que parece contundente, es que sí la sociedad civil en
poblaciones americanas, se han manifestado en contra de estas actividades, es
por que precisamente cosas buenas no trae. De allí que seria importante que
académicos con Manuel Rodríguez y algunos otros (quienes vienen llamado la
atención del tema), sean escuchado por el ministerio de minas y se logre
conciliar medidas frente al desarrollo del fracking en Colombia.
Definitivamente este caso muestra, que la
principal herramienta para que los bienes comunes se gobiernen y administren
adecuadamente, es que la sociedad civil y en especial los ciudadanos, cambien
su perspectivas frente a los recursos naturales, generándose revoluciones y
movilizaciones.
El tema no es tan fácil, por que lo
antecedentes de desconocimiento a las movilizaciones sociales, que intentan
bloquear actividades consideradas como nocivas para las poblaciones, han recibido
reveces por parte de la institucionalidad colombiana.
por: Roberto Nuñez Vega
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