jueves, 8 de mayo de 2014

LA FALACIA EN LOS LIMITES

En el reciente informe publicado por la OCDE, frente a la situación ambiental de colombia, como una visión institucional, entre otras recomendaciones se plantea que se debe trabajar en la actualización de los limites en las políticas ambientales. Al respecto hay mucho por decir, sin embargo ,les compartimos un articulo que nos brinda una visión critica, frente a los limites en las políticas ambientales que se formulen.

Los supuestos límites que denodadamente intenta identificar la política ambiental no existen como tales. Es decir, como realidades objetivables que constituyen una constante en las relaciones sociedad naturaleza identificable ex ante y que como tal puede transformarse en prescripciones o norte de la toma de decisión en esta materia.

El paradigma de los límites constituye un caso típico de la falacia del falso dilema, según la cual se formulan las cosas de tal forma que pareciera que no existen más alternativas que las dicotómicas que se plantean; sociedad o naturaleza, como un juego suma cero, con el agravante esa afirmación no es falsable, y por tanto, negable, pues la sociedad nunca estará en condiciones de establecer si se ha llegado a un límite, pues en ese momento no existiría tal sociedad. Siempre es posible argumentar que existe el riesgo de una crisis ecológica existencial para la sociedad, pues nunca es posible comprobar lo contrario. Esta es la tenaza epistemológica de hierro del paradigma de la política ambiental, y de sus disfuncionalidades.

Es evidente que la acción humana da lugar a cambios en “lo natural” y tales cambios pueden en ocasiones generar modificaciones estructurales en su funcionamiento, e incluso ser irreversibles y suponer graves efectos para la sociedad. Este es el fundamento de la existencia de la política ambiental. Esta es justificación suficiente para una acción decidida en este sentido y naturalmente para poner condiciones a las actividades humanas en relación con el ambiente.

Ello no significa que de forma reactiva haya que adoptar un paradigma de acción fundado en establecer límites a esa intervención antrópica sobre la base de modelos cognitivos parciales e inciertos, carente de viabilidad fáctica y que no contribuyen a incentivar un proceso de internalización profunda de la radical incertidumbre en lo que concierne a nuestras relaciones socio ambientales, que a lo único que deben llevar para gestionarlas adecuadamente es a profundizar nuestra responsabilidad como sociedad, de forma que sea la emergente responsabilidad la que oriente su gestión de forma dinámica y permanente.

¿Cómo es imaginable, entonces, una política ambiental liberada del concepto de límite? Para responder a esta pregunta se reproduce aquí parcialmente otro artículo en tres partes relativa al objeto de la política ambiental.
Si en el núcleo de los problemas ambientales no está la “naturaleza per se” sino las relaciones que la sociedad establece con ella, entonces, el objeto y norte de la política ambiental no debe ser la propia naturaleza, sino las relaciones socio ambientales.

Las relaciones socio ambientales que son el objeto de la política ambiental, no son todas las relaciones socio ambiéntales posibles, sino aquellas que, por las razones que sean, se han constituido en un problema de política.

Una vez ubicados estamos al interior de las relaciones socio ambientales que forman parte de un problema ambiental, entonces, es posible decir que el meollo del esfuerzo político constituye en introducir un modelo de gestión “socialmente razonable” de esas relaciones. Es decir, el propósito central de la política ambiental es introducir modelos sociales de gestión eficaces de las relaciones socio ambientales acorde a los valores sociales dominantes.

Así el objeto de política de la política ambiental se puede formular como la gestión de las relaciones socio ambientales implícitas en los problemas ambientes que enfrenta una sociedad.

Los objetivos de la política ambiental debieran estar referidos, entonces, a la excelencia esperada de esos sistemas de gestión de relaciones socio ambientales. Es decir, debieran referirse como logros a alcanzar en la gestión o en el desarrollo de los sistemas de gestión en cada uno de lo que son los problemas ambientales que asume como propios.

Los elementos y lógicas de los sistemas de gestión de las relaciones socio ambientales de problemas ambientales están ya formalmente establecidos, porque la política ambiental aunque pretenda ser una política de la naturaleza no puede sino ser una de la gestión de relaciones socio ambientales. Estos elementos están constituidos por normas, instituciones, estrategias, instrumentos, organizaciones, estructuras de conocimiento, tecnologías, recursos, y un largo etcétera que conforma la política ambiental real, y por una cierta comprensión de cuál es la mejor articulación entre ellos. Estos sistemas evolucionan y se perfeccionan y son más o menos eficaces en gestionar esas relaciones socio ambientales con éxito.

Visto así, la política ambiental es la gestión pública eficiente del sistema de relaciones que la sociedad estable con lo natural allí donde se entiende que ha emergido un conflicto, una necesidad pública de gestión. El norte de la política ambiental es llevar ese sistema de gestión a niveles siempre mayores de excelencia.

Un elemento singular de ese sistema lo constituyen las normas que establecen restricciones a las actividades humanas en su relación con el uso y aprovechamiento del medio y los recursos naturales. En este nuevo paradigma este no es el único elemento de ese sistema ni el más gravitante, pues no es el norte de la política ambiental la definición de límites o umbrales en este sentido. Siempre será posible hallar un método socialmente validado para establecer esa norma, pero su definición no es el eje de la política. Lo gravitante es cómo en cada caso concreto es posible mejorar el nivel de excelencia del sistema de gestión como un todo.

Si resulta necesario establecer sistemas socialmente validados de gestión de las relaciones socio ambientales, es porque estos no emergen de forma espontánea en la gestión social, o si surgen, son insuficientes para el alcance de los problemas a enfrentar.

Esta singularidad está relacionada con el hecho de que los agentes sociales no visualizan el costo del uso de la naturaleza, porque muchos de ese costo no lo asumen ellos, sino otros ahora u otros en el futuro. Esto ha permitido una suerte de irresponsabilidad social generalizada respecto de las relaciones socio ambientales.

Las relaciones socio ambientales están hoy en día extremadamente distribuidas, abarcan innumerables ámbitos de la vida cotidiana, y tienen unos alcances espaciales que permiten decir que todos los habitantes del planeta de alguna forma comparten un sistema común de relaciones socio ambientales, y esa es quizás lo que caracteriza el estadio actual de las relaciones socio ambientales.

En este contexto parece razonable afirmar que el éxito en el establecimiento de sistemas eficaces de gestión de las relaciones socio ambientales depende del desarrollo de la responsabilidad, se puede llamar ambiental. Es impensable que ese éxito dependa sólo de la incorporación de más y mejores elementos de gestión, que también depende de eso, pero la calidad, la excelencia del sistema de gestión, por su naturaleza distribuida y global, solo puede depender del desarrollo de una “virtud social”, que es la responsabilidad ambiental, virtud que puede y debe ser luego institucionalizada, como de hecho lo es en muchos ámbitos de la acción social.

El incentivo, desarrollo, fortalecimiento, e institucionalización de la responsabilidad ambiental es la estrella polar de este nuevo paradigma de política ambiental. De la misma manera que la estrella polar de la política ambiental convencional es la protección ambiental, mientras más mejor, en este nuevo paradigma de la política ambiental la estrella polar es: a más responsabilidad ambiental mejor, convirtiéndose este en el objetivo de los objetivos de la política.

Es evidente que la acción humana da lugar a cambios en “lo natural” y tales cambios pueden en ocasiones generar modificaciones estructurales en su funcionamiento, e incluso ser irreversibles y suponer graves efectos para la sociedad. Este es el fundamento de la existencia de la política ambiental.

Por: Rodrigo jiliberto
Consultor experto en temas de politica ambiental

1 comentario:

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