La nota de reflexión de hoy,
retoma un tema en el que CEI viene trabajando, respecto a los retos que
enfrenta la democracia. El problema de la democracia, no es exclusivo de desarrollar
instrumentos o herramientas que aseguren
y creen un sistema de incentivos que blinden el ejercicio de sufragio
universal, o que se desarrollen marcos legales. El gran reto está en cómo
elegir gobernantes y como estos pueden desarrollar su mandato con eficiencia y
eficacia.
En Colombia, como en muchos
países del mundo, el ejercicio de gobernar bien, facilitando la transacción de:
la demanda o la generación de oferta, con producción y entrega de bienes al
ciudadano, que conduzcan a estructurar un sistema de manejo a las complejidades
sociales, cuyo efecto directo sean resultados en las condiciones de vida de los
ciudadanos. En términos prácticos gobernar bien es el producto de una ecuación
de equilibrio, entre planear-agendar, ejecutar recursos públicos limitados de
manera eficiente, deliberar para mejorar, rendir y transparentar cuentas para
comunicar, manejar la insatifacciòn social.
Ahora esta sencilla ecuación,
es una utopía, si se lleva a la realidad del contexto del territorio se produce
su resquebrajamiento.
De esta manera los
análisis de investigadores como David Arellano (Universidad de
Colorado) gobernar
no puede verse en
un entorno aséptico o enquistado, por el contrario debe estar correlacionado
con el contexto, el cual de muchas maneras incide tanto en el diseño como en
los resultados de la política.
Hace algunos días el profesor Carlos
caballero Argaez (director de la escuela de gobierno de la Universidades de los
ANDES), escribió que no es fácil entender por qué al presidente Santos le ha
costado tanto trabajo poner a funcionar el aparato ejecutivo nacional en vista
de su trayectoria como servidor público y de su interés en los asuntos del buen
gobierno. Esta misma afirmación puede aplicarse a las dificultades que viven
muchos mandatarios locales, sin embargo, ¿por qué sucede esto?, algunas
evidencias para Colombia podrían ser:
1. Existe una fuerte tendencia a
tener equipos de funcionarios despegados
de la realidad y que dogmatizan sobre preceptos conceptuales que imponen a la
realidad. Esto no quiere indicar que la solución sea lo contrario equipos que
generen mitos de experiencias reales sin ninguna base conceptual.
2. El último libro de Moisés Naím (The End of
Power, Basic Books, 2013) hoy es más complicado gobernar que en el pasado,
cuando el poder se concentraba en unas pocas instituciones, centros y
personajes.
3. Los cambios mundiales,
tecnológicos, constitucionales y legales dispersaron el poder; son tantos los
derechos individuales y sociales que casi cualquier persona o grupo sienten que
pueden cuestionar una decisión gubernamental. Es paradójico que la esencia de
la democracia sea la fragmentación del poder -los chequeos y balances- y que su
excesiva dispersión impida gobernar.
4. Ya no existen unos pocos
partidos políticos fuertes sino muchos pequeños con agendas limitadas y "electorados
de nicho", lo que obliga a armar coaliciones, también frágiles. Son más
frecuentes, por tanto, las oportunidades que tienen las gentes para votar, en
los distintos niveles de la administración pública.
5. Los "mandatos" del
pasado ya no se dan en la práctica. La política dejó de ser el arte del
compromiso y se "volvió una actividad frustrante, que a veces parece el
arte de la nada". En el caso colombiano reciente los ejemplos abundan.
6. Pasar un proyecto de ley por el
Congreso la fuerza de la Unidad Nacional no basta; porque hay que atender a los
micropoderes regionales, gremiales o simplemente personales.
7. Las "ías" (Procuraduría, Fiscalía y
Contraloría) atemorizan a los funcionarios públicos. La Justicia dejó de ser
una rama respetable del poder público para interferir en las decisiones del día
a día del Ejecutivo.
8. Una descentralización exacerbada,
con un centro débil.
9. El fin del comunismo, el
Internet, las redes sociales, la globalización, la urbanización y la democracia
cambiaron definitivamente el entorno dentro del cual se gobiernan los países.
La complejidad aumentó, trayendo consigo una mayor exigencia para gobernantes y
servidores públicos. No suena "políticamente correcto", pero ¿no será
que se necesitan instituciones centrales fuertes y hacer efectivo aquello de
"libertad y orden"?
10- Una sociedad civil, enardecida
por años de engaños e incumplimientos, que exige resultados y soluciones a sus
problemas de manera inmediata, que presiona a los gobernantes constantemente.
Estas
condiciones entre otras, sugieren por ejemplo que la academia debería revisar
la teoría desarrollada sobre lo que se considera o define como buen gobierno.
También sería interesante que el presidente Santos (estudioso del tema), para
el próximo cuatrienio, pudiese plasmar una revisión del concepto de buen
Gobierno que desarrolló en el capítulo VII de las bases del PND.
Para muchos, puede ser
estéril esta nota o reflexión, pero creemos que en la medida que tengamos
mejores herramientas para afrontar nuestra realidad y se haga masiva pedagogía
sobre ello, podríamos aumentar la conciencia pública, sobre lo importante de
Gobernar bien.
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