martes, 9 de abril de 2013

La culpa es del Gobernante, del político y hasta del sistema democrático; ¿y donde estamos los ciudadanos y el colectivo social?


A lo largo de nuestro camino explorando los temas de gobierno, en especial la problemática de la gerencia publica estratégica. Siempre hemos compartido en nuestro blog, reflexiones que abordan la problemática, desde el interior de las organizaciones públicas y desde la racionalidad de los mandatarios.
Aunque poco hemos explorado, el rol que juega la conciencia del colectivo y la racionalidad del gobernado, en algunos trabajos de investigación consultados, en casos para latino América y Colombia (que por demás no son muchos, los que abordan este tema desde la nueva economía institucional, se dedican mas a explorar a nivel sociológico,  que es importante, pero no de nuestro interés); existen fuertes evidencias que le retribuyen una gran cuota de responsabilidad en el complejo escenario de gobernar.
Recientemente, en el carnaval de las artes en Barranquilla, en una especie de conservatorio,  le escuchamos a varios connotados y estudiosos ciudadanos de dicha ciudad, que los barranquilleros  tenían una responsabilidad compartida con los mandatarios, que durante un par de décadas sumieron a esta urbe, en una ola de insatisfacción y desesperación.
De estas conversaciones y de muchas, que en distintos puntos del país se suscitan a diario; mas de una reflexión ha salido. Estos ejercicios parlantes, no tienen  la pretensión de elucubrar sobre preceptos teóricos, que rayen con la robustez pretendida por aquellos que tienen afán de alejar la comprensibilidad de estos temas,del ciudadano. 
Cada día encontramos evidencia indicativa respecto a que los problemas de gobernar, están menos provistos de convencionalismo, que los teóricos puedan pensar. Para ejemplificar esta situación queremos compartir unas reflexiones que Heriberto Fiorillo (escritor y periodista Barranquillero), logró condensar de largas jornadas de tertulia Barranquillera. 
En la discusión que trata de resolver los problemas más dramáticos de nuestra sociedad, siempre se  llega siempre al poder y con este a lugares comunes, tales como: elegimos mal, muestro lideres son nulos, todos lo políticos son corruptos, el gobernante se robo la plata, etc.
Heriberto Fiorillo...........
Si la política es la actividad humana que tiene como objetivo dirigir la acción del Estado en beneficio de la comunidad, si el ciudadano espera que los políticos gobiernen para todos, ¿no debería preguntarse antes si ese acto suyo de delegación beneficia a su ciudad? ¿No es acaso la política uno de sus deberes? Vivimos en una democracia, ¿pero se limita esta al mero acto de votar por unos candidatos? ¿No habría de ser más participativa, con un seguimiento, además, de programas y acuerdos? ¿Más exigente, pidiendo cuentas en un lenguaje accesible a todos? Creo que ese acompañamiento nos lo debemos. Encontrar los mecanismos para hacerlo nos evitaría, al final, sorpresas y decepciones.
“Es que no hay líderes”, nos quejamos. Y desde el egoísmo empezamos a dictar nuestras decisiones. Rodeados de violencia, corrupción e injusticia, optamos por la comodidad segura frente al televisor y pasamos nuestra responsabilidad ciudadana a los más ambiciosos, que de conjugar egoísmos sí que saben.
No podemos soltar cuatro años, así no más, el timón de nuestra sociedad. Ni uno siquiera. Si nos quedamos ante el televisor, nos dormiremos y nos arrastrará la moda de los tiempos y hallaremos, al despertar, una ciudad más trastornada y caótica. Tampoco es pensar con el deseo y esperar al redentor de nuestras miserias. Frente a una ciudad en crisis, debemos, en principio, desarrollar una conciencia colectiva.
Y no dejar que el miedo se apodere de nosotros. El terrorismo ha hecho mucho daño, pero aquí luchamos por principios y somos muchos. No podemos, por cómodos o cobardes, dejar el manejo de la justicia y de la ética en manos de los bandidos. No es ético ni es justo.
Lo dicen los cánones: la política es una rama de la moral, que se ocupa de la actividad de solucionar en grupo los problemas de convivencia que existen en el seno de una sociedad libre. La política exige la participación ciudadana y posee la capacidad de distribuir y ejecutar el poder según sea necesario para alcanzar el bien común.
Por no tener esto claro ni mantenerlo vigente en las colectividades, por olvidarnos de ello, se ha tergiversado tanto en su contenido que eso que llaman hoy la política ni distribuye ni ejecuta para el bien común, sino para el egoísmo en particular.
El egoísmo, sin duda, es la razón de todos los males. ¿Cómo gobernar contra el egoísmo? Si lo logramos, tendríamos la mejor ciudad, el mejor país del mundo. O nos acercaríamos a estos.
La política no es, en conclusión, para los egoístas. Se vuelve politiquería, injusticia, corrupción y violencia. Se convierte en delito por una razón incuestionable: porque reparte prebendas, negocia cargos públicos, extorsiona, complace egoísmos.
Por eso, antes de ser elegido, un político debería, entre otras cosas, demostrar su altruismo, su faceta comunitaria, sus obras sociales, su amor al prójimo.
Los fines y medios en política deben velar por la justa y clara utilización del poder sin favorecer los intereses personales de quien lo administra. En últimas, en una democracia, es la comunidad la que, con sus elegidos, se instala en el poder. Eso es, por lo menos, lo que está escrito.
Ahora cómo se logra crear conciencia en el ciudadano, sobre la responsabilidad que tiene en el sistema democrático, y sobre cómo su participación activa, creativa y participativa, allanaría el camino para mejores gobiernos con altos rendimientos de ejecución y resultados.
El legado dejado por Elinor Orstrom muestra que esta conciencia tiene el mismo problema que enfrentan la sostenibilidad y el gobernar bienes comunes; la racionalidad del ser, su individualismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario