Hemos dedicado tres notas a reflexionar
sobre la necesidad de retomar el camino de análisis y toma de decisiones en la
política urbana, en el país. En esta idea desempolvamos viejas discusiones que
a principio de de la década del 2000, se dieron a lo largo y ancho de América
latina. Entre los documentos excarvados, encontramos las memorias de un foro en
la ciudad de Rosario (Argentina) realizado en el año 2001. En ese momento se
desarrollaron preguntas cruciales como: ¿Por qué algunas ciudades crean más
riqueza que otras? ¿Cómo evitar en América latina seguir el modelo posfordista
del Norte? ¿Cómo generar políticas urbanas sostenibles, para contener el caos
inmobiliario?.
Increíblemente 12 años después,
estos interrogantes parecen no tener respuesta en Colombia, ya que si un ciudadano
hace un intersección de noticias, encuentra: Protestas por caos en la
movilidad; protestas por la cobertura y la calidad de los bienes públicos que
se proveen; protestas y preocupación por el incremento desbordado en los costos
del suelo (burbuja inmobiliaria); protestas por el crecimiento desordenado y mal uso del suelo.
A estos problemas tan comunes,
habría que sumarle el interrogante ¿Por
qué algunas ciudades crean más riqueza que otras?, este interrogante tan
crucial para el futuro del país, ya que se relaciona en cómo generar riquezas,
sin aumentar las brechas y sí por el contrario generando equilibrios
regionales.
Todos estos elementos sirven
para ambientar, la necesidad de profundizar el tema de la convergencia regional
planteado en el PND “prosperidad para todos”. Tema que tal vez, por primera vez
se analiza a profundidad en un plan (a una escala aún muy agregada), pero que
sin embargo, en el próximo cuatrienio se requiere de profundizar con políticas,
instrumentos y herramientas, de mayor calado institucional, es decir
desarrollar una Fase II.
No hay que negar que hoy día,
el gobierno nacional ha puesto instrumentos pilotos (contratos Plan, Alianzas
público privadas), de cuyos resultados depende una escalaciòn más agresivas
para la convergencia. Sin embargo, consideramos que esa visión de convergencia
regional en su Fase II, requiere bajar la escala de análisis y agregar los
resultados de los pilotos realizados en el presente cuatrienio.
En los próximos 4 años del
gobierno Santos (si se reelige), o del que venga; se retome este interesante
esfuerzo de convergencia. Para tal efecto, planteamos algunas temáticas que
deben profundizarse, a partir de los resultados parciales de las locomotoras (infraestructura especialmente, vías,
vivienda, servicios de abastecimiento) e instrumentos de convergencia regional.
Primero. Hay que explorar el nexo
positivo entre urbanización (y) y PIB per cápita (x) puede ser expresado como
una relación lineal (x es una función lineal de y) cuando el PIB per cápita es
medido en una escala logarítmica. Esto importante para ver como se potencializa
la generación de riquezas en las ciudades en la regiones.
Segundo. Revisar que la curva
de urbanización asciende muy rápidamente al principio del proceso de desarrollo
para aplanarse. Se alcanzan altos niveles de urbanización a niveles
relativamente bajos de ingresos. En otras palabras, las ganancias «puras» de la
urbanización (por ejemplo, la aglomeración geográfica de gente y actividad) se
agotan rápidamente. Más allá de un cierto punto, el vínculo entre una
urbanización en crecimiento (y quizás también el tamaño de la ciudad) y el PIB
per cápita se vuelve más tenue.
Tercero. Revisar en nuestras
regiones el fenómeno que una vez que los niveles de urbanización alcanzan 70% o
más, se prevé que un incremento de la urbanización en sí aportará poca
contribución al crecimiento del PIB. Esto parece indicar que las ganancias más
allá de este punto descansan en algo más que en el simple aprovechamiento de
los beneficios "puros" de la aglomeración. Las políticas públicas
determinan los límites máximos de las ganancias potenciales que pueden
aprovecharse de la aglomeración. En otras palabras, al analizar el impacto de
las ciudades en el bienestar económico, es necesario distinguir entre los
beneficios "puros" de la urbanización y los beneficios atribuibles a
una buena administración y planificación urbana. Esto explica en parte por qué
la simple presencia de las ciudades, aunque es una condición necesaria, no es
una condición suficiente para emprender un proceso de crecimiento económico
sostenido. En resumidas cuentas, las ciudades son cada vez más vitales en la nueva
economía, pero su éxito descansa también cada vez más en una mezcla compleja de
decisiones relativas a las políticas públicas. Esto podría ayudar a explicar porque
Buenaventura, genera menos riquezas que Ibagué o Popayán. Siendo el primero, un
puerto exportador por donde sale casi el 50% del comercio del país.
Cuarto, La gestión de áreas
urbanas ha dependido siempre considerablemente del suministro de bienes públicos.
Esto se aplica aún más a la nueva economía de la información. El suministro de
tales servicios requiere acción colectiva y de un sistema impositivo central.
La dependencia de las ciudades de los bienes públicos es fácil de ilustrar. El
movimiento de gente entre ciudades requiere carreteras, calles, aceras,
alumbrado público y control del tráfico.
Quinto. Las discusiones sobre
la privatización toman a menudo tonos ideológicos, creando la impresión de una
dicotomía del "todo-o-nada" entre el Estado y el sector privado. En
realidad éstos son complementos, no opuestos el uno del otro. Esto se aplica
especialmente a los servicios urbanos. Una participación eficiente del sector
privado, en casi la mayoría de los casos, dependerá del suministro eficiente de
bienes públicos. Esto es importante para descubrir las oportunidades y debilidades
de las alianzas publico privadas que se ejecutaron, y de allí repotenciar o
cambiar el instrumento.
Sexto. Uno de los más difíciles
desafíos de la gestión urbana sobre todo en las ciudades de las regiones
colombianas, que tiene baja autonomía física tiene que ver con el proceso de
retroalimentación circular entre el suministro de infraestructura pública y los
ingresos públicos. Cuanto más éxito logre una ciudad en suministrar bienes
públicos adecuados, más se incrementarán sus ingresos, y a su vez estará en
condiciones de suministrar mayor cantidad de bienes públicos, fortaleciendo así
su base impositiva, etc. Este proceso acumulativo favorece el desarrollo de
ciudades bien establecidas y bien administradas. Una ciudad que logre
suministrar los bienes públicos adecuados para la nueva economía de la
información verá que las ganancias se reflejan en una "renta económica"
para el sector público. Los valores de propiedad son en gran parte una función
de las economías de centralidad y aglomeración. Cuanto más importante sea el
potencial informativo e interactivo de un lugar, mayor será su valor
tributario. El proceso circular puede ir hacia adelante o hacia atrás.
Séptimo. Cuanto más éxito logre
una ciudad en crear lugares eficientes (y agradables) para la interacción, y
cuanto más eficiente sea en movilizar a la gente, mayor será su base de
ingresos. Inversamente, una ciudad a la que se le dificulta generar una prima
urbana sobre la renta, debido a una planificación urbana deficiente, a la
contaminación, el crimen y la congestión del tráfico, tendrá dificultad para
financiar adecuadamente los bienes públicos, reduciendo a su vez su carácter
atractivo. El tema de la planificación urbana es cucú para las ciudades en Colombia.
Octavo. Los nexos entre el
suministro de bienes públicos y la productividad de las ciudades va mucho más
allá. Sólo el sector público puede asegurar la planificación y reglamentación
del uso del suelo. Esto se aplica igualmente a las políticas tributarias, y
sistemas de fijación de precios que determinan los costos relativos del
transporte público versus el transporte privado. El sector privado puede
construir caminos, autopistas, líneas férreas, pero es el Estado quien debe
decidir a dónde van éstas. La planificación y gestión de los espacios públicos
(parques, áreas verdes, etc.) corresponde al sector público.
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