En una reciente visita a algunas
ciudades de la Costa Atlántica, hemos observado la puesta en marcha, de
iniciativas de sistemas integrado de transporte Masivo (proyectos como SIVA, Montería,
Sincelejo, transmetro y transcaribe). Al respecto, queremos compartir una
mirada más desde el acento de desarrollo urbano y de racionalidad pública; que
el impacto socio-económica que estos puedan generar. (Esta mirada se
hace partiendo de los preceptos teóricos desarrollados por Germán Correa Díaz,
profesor de la Universidad de Berkley)
Los servicios de transporte
público operan de manera sistémica, así como lo hace todo aquello que se mueve
en la ciudad. Toda intervención que se haga respecto a uno de los modos que la
gente usa para movilizarse afecta inevitablemente al resto.
Por ejemplo desde que en Bogotá
entró en operaciones un Sistema de Transporte Público, como es el Transmilenio,
pasó la hora de seguir haciendo inversiones en proyectos aislados relativos a
la movilidad urbana. Esto lo hemos evidenciado en estas ciudades, ya que al
observar los planes de infraestructura para la movilidad, contenidos en los
planes de desarrollo; se observa una desconexión de las distintas obras con las
proyecciones o con las troncales. Por lo tanto, consideramos que es hora más
bien de racionalizar sistémicamente dichas inversiones y evaluarlas en
consecuencia.
Los grandes proyectos de
transporte urbano deben dejar de ser la idea emblemática de algún gobernante.
En cambio, deben pasar a ser evaluados y decididos desde una visión sistémica y
organizada sobre el territorio, el desarrollo urbano y la movilidad,
estableciendo mejor el óptimo social de las inversiones públicas y privadas. De
esta manera se servirá mejor al interés común de los habitantes de la ciudad.
Transmilenio ha arrojado una
infinidad de lecciones sobre los más diversos aspectos que dicen relación con
una política pública. Una, poco destacada, es la de entender la indisoluble
relación sistémica entre ciudad y transporte, a la vez que entender que cada
uno de estos componentes es un sistema en sí mismo. Sin embargo, aunque parece
temerario y que requiere de mayor profundización; se evidencia una fuerte
tendencia a obviar tales lecciones. Algunos consideran que tienen
consideraciones poblacionales, culturales y climáticas, sin embargo en materia
de estructuración urbana existen elementos a semejables.
Dentro del sistema de
transporte urbano, los servicios de transporte público también operan de manera
sistémica, por lo tanto, lo que se haga respecto a uno de los modos que la
gente usa para movilizarse afecta inevitablemente al resto. Cualquier
intervención mediante una política pública sobre estas realidades sistémicas
superpuestas y en interacción será, por lo tanto, siempre algo complejo, aun
cuando parezca simple y circunscrito, pues de todos modos tendrá un efecto
sobre el conjunto.
Por ello, se requiere siempre una
mirada cuidadosa respecto a las dinámicas sistémicas que se afectarán con una determinada
intervención, a fin de no producir efectos laterales no deseados. Por lo tanto,
hasta la más ortodoxa de las expresiones de la ideología liberal debe reconocer
que la relación armónica y socialmente óptima entre tales términos requiere de
algún papel “planificador central”, es decir, del Estado, que en su rol de
velar por el bien común tiene la obligación de sopesar dónde mejor se realizan
esas intervenciones, lo que es especialmente cierto respecto de dónde se
invierten los recursos públicos, qué se incentiva o desincentiva.
Es comprensible que a la gente
en general le guste más un sistema más que otro, le guste el carro particular,
sin embargo lo que no se puede dejar a la racionalidad individual, son los
planes de infraestructura relacionada con la movilidad, máxime cuando en estos
centros urbanos existen los sistemas integrados.
No en vano algunos autores lo
han definido como una suerte de racionalidad “sexy” o como un tipo de proyecto
que políticamente más vistoso y, por lo tanto, preferido por los gobernantes.
Obviamente, a todos nos gustaría movernos en un auto Mercedes Benz o en un
Porsche, en vez de hacerlo en un pequeño vehículo utilitario. Pero la
racionalidad de hacerlo en uno u otro estará dada no por el gusto, sino por la
relación entre el costo de uno y otro de estos medios y el poder adquisitivo de
quien los usa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario