¿Es posible la gestión de calidad en el sector público?
¿Contribuye ello a la gobernabilidad democrática? Me inclino a pensar que sí.
Esbocemos algunas ideas sobre este gran tema. Si reflexionamos en torno al
papel contemporáneo del Estado colombiano, notemos que el éxito de su gestión
está en el desarrollo organizado del factor humano. Este es decisivo cuando buscamos
emprender tareas rigurosas y cambios eficaces y eficientes. Por ello es que la
administración por calidad, busca la mejora continua para ser más. Ella debe
ser lograda por las personas; por lo humano; óptimamente, por todos los
funcionarios vinculados al sector público. Observemos que la calidad del
producto o del servicio público, depende del ser humano y no a la inversa.
No olvidemos que una de las cualidades sustantivas del ser
humano es “ser capaz de optar por objetivos comunes; de comprometerse, de
servir”. ¿Qué hacer para impulsar un sistema de calidad en el sector público?
Planteemos al respecto, tres tareas críticas iniciales:
1.- Descubrir la calidad, como acción personal de servir.
Pensar en calidad en términos vigentes, es estar invitados a alcanzar un
sentido fundamental de nuestra vida. Es estar convocados a laborar al más alto
nivel, como una forma de realizarnos como servidores públicos. Si pensamos en
la cultura del servicio, notemos que es posible alcanzar el propio bienestar
logrando el de los demás, y no a la inversa. Cuán útil cimentar la creatividad
laboral en el servicio. Al tomar distancia frente a la vocación del servidor
público, no olvidemos que ella debe ser reformulada como un camino para la
realización personal, política y profesional. Quienes asumen lo público para
servirse, no están cumpliendo con su vocación. Continuar la cultura
clientelista, de la manera que se ha instalado en la administración pública
colombiana, en los últimos tres decenios -salvo excepciones- es impedir, en la
práctica, la construcción de la democracia participativa.
2.- Descubrir el control, para facilitar la eclosión de la
capacidad de comprometerse. Y: ¿será posible el control de la calidad en el
sector público? Pienso que sí, si tenemos en cuenta que es un proceso dirigido
y administrado. Nace en la mente del directivo y de su equipo de trabajo,
quienes buscan cambiar el desorden –a veces el caos– responsabilizándose y
comprometiéndose. Observemos que el control de calidad es un proceso dirigido, evaluado
y controlado hacia la optimización del servicio. Servir con calidad en el
interior de las organizaciones estatales, es tener sentido de la historia;
saber que se están administrando bienes públicos y que se está trabajando con
personas; no con objetos intercambiables y desechables. Servir con calidad es
cambiar la mentalidad de quien llega a las instituciones para lucrarse de
ellas; para apropiarse privadamente de lo que es patrimonio común. Notemos los
miles de billones de dólares que, en los siglos xx y xxi, hemos perdido los
ciudadanos y los demócratas, por prácticas tan erróneas en el manejo de lo
público. Y una pregunta contemporánea: ¿Cómo están incidiendo el narcotráfico,
el paramilitarismo, las bandas criminales, la pseudo guerrilla y sus diversas
combinaciones, en este proceso de apropiación corrupta de los bienes públicos?
3.- Descubrir el liderazgo, como el motor que ayuda a
impulsar el control para el servicio. Entonces: ser líder en el servicio de
calidad, en el ejercicio de la función pública, es tener la visión, la misión,
los objetivos y la filosofía del servidor incorporados a nuestro quehacer
administrativo y político. Un especialista como Augusto Pozo, ha sostenido: el
factor más crítico en cualquier país es la productividad; la mejor forma de
lograr la productividad es la calidad; la mejor forma de alcanzar la calidad es
a través de las personas; lo mejor para la administración de las personas, es
organizar los sistemas de educación y liderazgo. Ellos permiten un desarrollo
adecuado de la gestión de calidad de su trabajo.
Al revisar críticamente la evolución de nuestras empresas
y entidades públicas, nos damos cuenta que, en algunas, hemos avanzado en
cuanto a la calidad del servicio; por ejemplo en el Banco de la República,
Ecopetrol y en las Empresas Públicas de Medellín. Sin embargo, sería de
esperarse que se tomaran decisiones políticas dirigidas al fortalecimiento de
la calidad de lo público. i. Fundamental papel podría desempeñar al respecto,
la Escuela de Alto Gobierno, ii. que hace parte de la Escuela Superior de
Administración Pública.
Analizando los planteamientos aquí formulados, podemos
concluir que, la definición actualizada de políticas públicas, acompañadas con
una gestión de calidad, puede contribuir eficazmente al fortalecimiento de la
gobernabilidad democrática y por supuesto, también al proceso de construcción
de una paz duradera y justa.
documento escrito por Hernando Roa, profesor de la universidad Javeriana
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